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Paul Tornier Pablo Martinez
Una enfermedad debe ser siempre ocasión para hacer inventario de uno mismo, para tomar conciencia de los problemas no resueltos y para una revisión de valores, que pocos son los que emprenden en plena salud. Hay que tomar decisiones resoluciones, subyugar pasiones, que cambiar una actitud ante la vida. De modo que el médico, sin descuidar ninguno de sus tratamientos técnicos, tiene también una tarea pedagógica: debe reeducar a sus pacientes ayudándoles a reformar sus vidas. El paciente debe ser ayudado a entender porque ha llegado a su estado actual, y lo que debe de hacer para cambiar de manera de vivir. Un estado de fatiga es siempre un señal de peligro para el organismo. Un activismo frenético a veces es una compensación por alguna ansiedad privada, una fuga de uno mismo, o la consciencia de conflictos no resueltos. La vida moderna somos nosotros, no son los otros. Lo que se puede hacer es ver si se puede cambiar las condiciones de trabajo. …a veces dar oídos a Dios es dar oídos a todo lo que Él puede decirnos a través de nuestras colaboradoras y preocuparnos por sus personas en lugar de utilizarlas solamente como instrumentos para una noble tarea. ¿Qué piensa Dios de mi vida? ¿Cuántas veces nos hacemos seria y profundamente esta pregunta: ¿Qué piensa Dios de mi actividad, de mi trabajo, de la forma en que lo organizo, de la forma en que distribuyo todas las cosas? ¿Qué piensa de esta vida en la cual no hay lugar para el recogimiento? El hombre que se recoge, que trata de poner su vida bajo la mirada de Dios, halla una vida infinitamente más fecunda, infinitamente más armoniosa, mucho menos fatigosa y más profunda. Porque vivir es escoger. Ser creyente es escoger lo que Dios quiere. Ser cristiano es contar no solo con la ley, sino también con Él Espíritu Santo, con la comunión viviente con Jesucristo. Es vivir esta elección, esta búsqueda de la decisión indispensable para poner la vida bajo la dirección del Espíritu Santo, con la comunión viviente con Jesucristo. Porque bajo la dirección de Dios se distingue mejor el esencial de lo secundario; se eliminan muchas actividades fatigosas y en nada indispensables. Este es el planeamiento de la vida. “Vete de tu tierra…” Esta orden de Dios a Abraham significa: abandona tus hábitos, abandona tus rutinas, abandona todo lo que determina tu vida y la tiene prisionera, abandona todo aquello que te parecía el cuadro normal, porque dentro de él has sido criado, porque en él has sido instruido. Tú has sido educado por el mundo; abandona este mundo, obedece a Dios, busca verdaderamente una inspiración, construye tu vida por una inspiración interior y no según el contagio con el mundo que tiene demasiado poder sobre ti. He aquí lo que está en juego en cada una de nuestras jornadas, en cada una de nuestras decisiones. Este es el gran remedio de un mal del cual todos padecemos: la dispersión de esfuerzos, ese importante factor de fadiga. Los hombres agitan, y nosotros, los médicos, y los pastores más que otros. Nos dispersamos. Y aquí hay una distinción importante que podemos hacer a la luz de la Biblia: la distinción entre trabajo y obra. Cuando la Biblia habla del trabajo de Dios, habla de su obra. Esa palabra evoca algo coherente, algo que se puede cumplir, algo que tiene unidad interior. Mientras más es guiada la vida por Dios, mas se libera del trabajo disperso para adquirir poco a poco el carácter de una obra. Para ello es necesario escoger, sacrificar una enormidad de cosas. No es cuestión solamente de hacer todo lo que parece bueno, útil generoso, sino, más bien aquello que Dios quiere. Recuerden ustedes a David, cuando Dios le impidió construir el templo. Es una bella empresa querer construir un templo para Dios; pero construirlo si Dios no lo quiere, si no es el momento de Dios, es una pérdida de tiempo; es una desobediencia, no obediencia. ¿Cuántas desobediencias bien intencionadas hay en nuestra vida? He aquí el problema. La inspiración de Dios puede ser a veces muy práctica. No se trata solamente de hallar grandes líneas directrices que hagan de nuestra vida una obra, sino de resolver las más pequeñas cuestiones concretas de cada día, especialmente aquellas que causan fadiga. Toda fatiga es una señal. Toda fatiga nos llama a recogernos un poco más, pues puede ser la señal de que en nuestra vida hay algo que no está en orden, que es necesario examinar delante de Dios. Causas de la fatiga: - una dispersión entre muchos deberes que impide la concentración. - Esa falta de tiempo para reflexionar en lo esencial porque uno está a merced de lo ocasional. - Divisiones internas de nuestro propio corazón, las rebeldías, los problemas no resueltos de la vida que se pueden resolver en el recogimiento. - El trabajar en vano, porque se ha olvidado que la condición de la eficacia es estar en contacto con Dios. Un hombre en contacto con Dios ajusta su vida a su temperamento. - Yo sé lo que es esa fatiga de la soledad de los solteros, y sí también que esta fatiga unida a la rebelión de todo el instinto y toda la necesidad de ternura de una mujer , contra su condición de soltera, no se resuelve por una frenesí de actividades externas, solo puede ser resolverse en el recogimiento interior. - La fatiga conduce a esa disminución de la fuerza del yo que posibilita la disolución de nuestra capacidad de coherencia de la personalidad, y abre la puerta a la pasividad frente al aumento de los impulsos.
El recogimiento y la búsqueda de la soberanía de Dios en la organización de nuestra vida es el remedio a la agitación. La entrega de nuestra vida no depende tanto de la cantidad de cosas que hacemos como de la calidad del don de nosotros mismos que ponemos en cada cosa. Para poner esta calidad es menester salir de esta atmósfera del mundo moderno que está obsesionado por el activismo, aun dentro de la iglesia: ¡hacer, hacer, hacer cada vez más.! Convirtámonos más bien en hombres inspirados y tranquilos. Redescubrir nuestra unidad interior – espíritu de reposo. Pero lo más importante en el regimiento , sin embargo, no son las inspiraciones prácticas que podemos recibir para organizar mejor nuestra vida, y cuyo valor acabo de subrayar. Su verdadero sentido es el de profundizar nuestra intimidad con Dios; es el aprender a vivir en comunión con Él. Buscar cada día nuestro camino con Él y , sobretodo aprender a conocerlo y a asociar realmente nuestra vida con la suya. El catecismo de Calvino contiene en su comienzo estas preguntas y respuestas: ¿Cuál es el fin del hombre? - Conocer a Dios ¿Cuál es su felicidad? - Eso mismo. “Yo practico a menudo la meditación por escrito. Esto tiene la gran ventaja de precisarla mejor, de conservar el texto, de estar más obligado a seguir sus inspiraciones; pero también conservar la fecha en nuestra agenda.” Otra gran dificultad: ¿Cómo conocer la voluntad de Dios? Es buscar… El recogimiento es la fuente de todas las reformas de nuestra vida. Recogerse para poner sus vidas en orden, hallar el orden de Dios. Debemos redescubrir una actitud profética frente al mundo moderno. Sí, ese mundo moderno, esa agitación, esa fatiga universal, todo eso tiene el sentido de un juicio de Dios. Es como el cumplimento de innumerables páginas de la Bíblia que proclaman: si os apartáis de Dios, vuestras obras serán vanas, os agotaréis en vano. Hay que gritarlo al mundo y mostrar con nuestras propias vidas que hay solución. Nuestra fatiga es ante todo la señal de un alejamiento de Dios. “Mi presencia irá contigo y te daré descanso.” Ex.33:14
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